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20.1.14

d'un temps, d'un país (amb permís)


Tantes coses com passen a casa i al món cada dia a cada instant, i jo, avui, demà i qui sap si algun dia més, dedicaré una part del meu temps a passejar-me per Tomelloso, a Ciudad Real, on no sembla que hi hagi res mereixedor de l'atenció dels diaris.

No sé concretar quina reedició de García Pavón que comentava Lilian Neuman em va fer pensar que jo devia haver llegit alguna cosa de l'autor manxec, al menys a la biblioteca del poble, en aquell període en què cada estiu l'emprenia amb les edicions Destino publicades en llibres de tapes de cartoné blau, entre les que es trobaven els premis Nadal que havien aparegut i que s'anaven concedint. García Pavón va ser finalista en la segona convocatòria, amb una novel·la que deu tenir reminiscències de La Regenta, però no ho sé perquè estic segur que no l'he llegida. En canvi, hauria d'haver llegit Las Hermanas Coloradas, que va obtenir el premi l'any 1969; si ho vaig fer, no recordo absolutament res.

En definitiva, sigui per desmemòria o per mancança real, Plinio, el cap de la policia de Tomelloso, m'era un desconegut, de manera que he decidit començar a conèixer la seua tasca a partir del principi i ja veuré si continuo amb els casos de qui alguns consideren el primer detectiu de la novel·la policíaca espanyola moderna. De moment m'he agafat Historias de Plinio i, amb aquest policia que encara porta sabre i el seu amic veterinari, vaig avançant al pas lent, massa lent dirien alguns, de la dictadura de Primo de Rivera:

La verdad es que Plinio, con el bizcocho envinado en la boca, en aquel comedor suntuoso, tibio, y ante aquel señorón, se sentía incapaz de averiguar nada. Hablaron a retazos de la marcha de la campaña vinícola, de una cacería reciente a la que había asistido don Melquiades Álvarez, y de las últimas disposiciones de Primo de Rivera.

El padre y el abuelo de Carmen habían sido diputados y luego senadores del reino. Don Onofre era de familia menos distinguida, nuevos ricos de la guerra del catorce, pero él, sin embargo, sentía ahora ciertas veleidades políticas.

Se decía que quería aprovechar la influencia de la familia de su mujer para hacer carrera. El advenimiento de la dictadura había contrariado un poco sus proyectos parlamentarios y él soñaba con que el rey “diese lo antes posible de lado a los generales para volver a al normalidad constitucional”.

No obstante, a Plinio, aquellas pretensiones políticas de don Onofre le parecían banales. Él no era hombre de lucha y de decisiones radicales. Era blando, poltrón y abúlico, además de afeminado. A lo más, le gustaría verse vestido de etiqueta y conseguir que alguna vez lo retratasen en el Blanco y Negro junto al rey con motivo de cualquier cacería o acto solemne.

Cuando acabó la merienda, don Onofre se levantó envuelto en su bata de seda, y entró en el despacho próximo. En seguida volvió con un gran puro habano que puso en las manos de Plinio. Don Onofre no fumaba.

Plinio lo encendió y comenzó a fumarlo con el mayor deleite. El olor a jerez esparcido por la habitación, el aroma del puro, la suave penumbra que permitía la claraboya, y la luz rojiza de la salamandra próxima, invitaban al silencio y a la quietud más que a empezar con averiguaciones y preguntas.

Plinio se sentia en el mejor de los mundos. “Esto es vivir, ¡qué demonios!”, se decía.

Francisco García Pavón: El Carnaval (1968)


Buf! Avançarem una mica a l'hora d'esbrinar qui va matar a bastonades la dida de Carmen el diumenge de Carnaval? Jo no porto cap pressa perquè intueixo que tan interessant com resoldre el crim és conèixer el món que descriu García Pavón, i com el mostra.

5.9.13

lectures lleugeres d'estiu. La literatura i els escriptors


Fa anys que no rellegeixo res de Chandler. Avui, encara calent, he anat espigolant A mis mejores amigos no los he visto nunca. Cartas y ensayos selectos, una selecció de cartes i textos diversos que van de l'any 1909 a 1959, el de la seua mort. No sé si continuaré a l'atzar o aniré seguint la cronologia; tant li fa.

Llegeixo una publicitat del llibre que diu: ... es una lectura indispensable para los amantes del género y del autor. Asimismo, ofrece una recreación única y apasionada de una época marcada por la depresión, la corrupción, la pobreza y el alcoholismo. Quin reduccionisme! Després d'una mirada superficial, vull dir, incompleta, trobo els textos d'una agudesa i una actualitat que només tenen els clàssics, fins i tot els que ens sembla que s'equivoquen.

Un tastet sense valoracions. En primer lloc, un fragment d'una carta de 1950 en què responia a Jamie Hamilton que li havia demanat una mica d'informació sobre la seua vida:

... He estado casado desde 1924 y no tengo hijos. Se supone que soy un escritor duro, pero eso no significa nada. Es solo un método de proyección. Personalmente soy sensible y hasta apocado. Por momentos soy en extremo cáustico y belicoso, por momentos muy sentimental. No sirvo para la vida social porque me aburro enseguida, y para mi lo corriente nunca me parece lo bastante bueno, en la gente o en cualquier otra cosa. Soy un trabajador espasmódico sin horarios regulares, lo que equivale a decir que solo escribo cundo tengo ganas. Siempre me sorprende lo fácil que parece en el momento, y lo cansado que me siento después. Como escritor de novelas policíacas, creo que soy un poco anómalo, ya que la mayoría de los autores de novelas policíacas de la escuela estadounidense apenas son semianalfabetos, y yo no solo tengo formación, sinó que soy un intelectual, por mucho qu me disguste la palabra. Se diría que una educación clásica es una mala base para escribir novelas duras en argot. Yo pienso lo contrario. Una educación clásica le impide a uno caer en la trampa de la pretensión, que es lo que llena la mayoría de la ficción actual. En este país, el autor de novelas policíacas es visto como algo subliterario solo porque es un autor de novelas policíacas y no un autor de cháchara de de significación social. Para un clasicista -aun herrumbrado- esa postura revela solo la inseguridad de un pervenu. Cuando me preguntan, como sucede a veces, po qué no pruebo a escribir una novela seria, no discuto; ni siquiera les pregunto a qué se refieren con una novela seria. Sería inútil. No sabrían qué decir. Esa pregunta es la que podría hacer un loro.

Leyendo lo anterior, me parece detectar cierto tono desdeñoso aquí y allá. Me temo que eso no es del todo admirable, pero lamentablemente es cierto. Corresponde. De hecho, soy una persona más bien arrogante en muchos aspectos.

Acabo per avui amb la resposta (1946) a una mestra que havia escrit a Chandler i li demanava consells (literaris) per als joves:

Mi experiencia en ayudar a la gente a escribir ha sido limitada pero en extremo intensiva. Lo he hecho todo, desde dar dinero a futuros escritores para que vivan, hasta darles argumentos y reescribir sus textos, y hasta el momento no ha servido para nada. La gente que Dios o la naturaleza quiso que fueran escritores encuentran sus propias respuestas, y a los que tienen que preguntar es imposible ayudar-los. Son simplemente gente que quiere ser escritora.

Que uns o altres trobin editors -o el sistema que sigui- és una altra qüestió, però Chandler no parla de publicar.