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22.7.15

llibre segon: aire


Potser a l'apunt d'ahir hagués d'haver esmentat l'aire enlloc de la terra, però els elements a vegades són intercanviables. Avui m'havia proposat compartir alguns fragments amb personatges: Barral, Bousoño, Juan Goytisolo, Ferrater, Jaime Salinas, Luís Marquesán, Jorge Guillén, María Zambrano, Manolo Sacristán..., però, com fer la tria? Decidit: emmarcaré Gil de Biedma en la seua família i seguiré una estona només un personatge; per acabar, deixaré fluir el darrer dia del diari. Tot fragmentari, tot injustament parcial. Si algú s'interessa per completar el conjunt, ja ho sap.

Esta expedición de españoles refugiados en la Unión Soviética que ahora voluntariamente regresan a España, al cabo de diecisiete años, suscita en mi família unas reacciones que mi prima Malu ha resumido con toda dureza y con todo candor: Chico, no sé para qué les dejamos venir, ya podían quedarse allí para siempre... Lo que más me ha sorprendido es que mi madre piense exactamente lo mismo. Los de El Ardido se han marchado, y yo me he enzarzado en una discusión absurda con mis padres y con mis hermanas. Que al cabo de tanto tiempo esos españoles -muchos de los cuales salieron de niños- quieran volver a España, en vez de conmoverles, les despierta horrorosas desconfianzas.
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Gabriel vende su biblioteca. Dice que está harto de literatura y que quiere hacer dinero. La decisión debe ser simbólica, supongo: vender sus libros no le va a sacar de mucho apuro. Comprendo que su situación nada tiene de brillante, y que emplee una porción considerable de su tiempo y su energía verbal en distraerse de ella. Treinta y cuatro años, inteligentísimo, poco dinero, pocas posibilidades establecidas de progreso. Conoce los entresijos de la vida práctica con una extrema lucidez, y al mismo tiempo es radicalmente inapto para la vida práctica. Una de esas personas- yo me tengo por otra- que con los mismos defectos pero con menos cualidades, hubiera funcionado mucho mejor.
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Querido Gabriel,
estar en el campo y ponerme a escribir una carta larga, a ser posible ingeniosa, me hace siempre sentirme un poco personaje de Les Liaisions Dangereuses, sobre todo si va dirigida a ti, porque sé que vas a leerla en la misma disposición, más o menos, en que yo la escribo. Los dos estamos entregados a lo que los notarios franceses llamaban la vie de chateau, que consiste en bouder y en escribir y esperar cartas. Aunque hay que reconocer, comparándola con el apetito rabelesiano de aquella época, cuando Jovellanos emprendía para sus amigos de la Chancelleria la traducción del Essai sur le Commerce o del Ami des hommes, con la misma ausencia de pereza con que hoy se adjunta un recorte de periódico, que nuestra capacidad epistolar es modesta...
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Mañana en el Tibidabo con Gabriel Ferrater, que parece haberse suscrito a mis paseos dominicales. Como siempre, su conversación mes despierta y me divierte pero luego me deja una cierta resaca. No sé si es mala conciencia, porque me digo que debiera aprovechar los domingos para estar solo, o si es un efecto de la excesividad con que Gabriel piensa, se produce, habla y embarca a todo el mundo. Quand partons nous vers le bonheur? Un rato a su lado no tiene que ver nada con lo que a uno le ha sucedido antes o le sucederá después.
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Sólo unas líneas, para que no se me vaya el primer día del año sin haber escrito algo. Almuerzo en casa de mis tíos Sepúlveda. Largo paseo luego por la Diagonal, hasta más allá de los cuarteles. Soledad. Paso mentalmente revista a los amigos disponibles y no encuentro ninguno que apetezca ver. Reposo en casa y lectura, que me cambian el ánimo. Al fin, salgo con Luís Marquesán y acabo por interesarme en la conversación.
Yo pediría que 1957 sea tan bueno como su predecesor, que me entristece despedir. Temo a los años impares: suelen ser estériles.

Jaime Gil de Biedma: Diario del artista seriamente enfermo. Lumen, 1974

21.7.15

llibre segon: terra


Si hi ha un llibre que en les meues relectures va unit a la Catalunya des del mar de Barral, és Diario del artista seriamente enfermo, de Jaime Gil de Biedma. Tinc l'edició de Lumen de 1974, que no sé si s'ha reeditat mai i que ara veig que es pot comprar de segona mà a partir aproximadament dels 60 euros. He llegit, però no el conec, que després de la mort de l'escriptor es va editar un Diari més complet, amb el material escrit a Filipines el mateix any, el 1956, és a dir, quan l'autor encara no havia arribat als 30.

Què tenen en comú el llibre de Barral i el de Gil de Biedma? A part de ser diaris, ben poca cosa; de manera que si un em fa pensar en l'altre -i en alguns altres- deu ser per la qüestió de generació literària i d'amistat entre els dos personatges. Potser, també, perquè els dos tenen en comú en aquests llibres una mena de màgia o, si és vol, de viatge iniciàtic, o, potser, de passió, de vitalitat, difícil de descriure.

El Diario comença amb la sortida en avió des de Filipines i acaba el primer dia de l'any 1957. Després de poc temps d'haver arribat a Barcelona, els metges diagnostiquen que té tuberculosi i s'inicia el procés de tractament i la convalescència, que majoritàriament té lloc a la casa familiar de la Nava, a la província de Segovia. Ja guarit d'aquest episodi pulmonar, l'autor torna a Barcelona. Si aquesta és la geografia del diari, el contingut és ben variat: meditacions sobre la vida (i la mort) i sobre el proces creatiu, opinions sobre la literatura d'altres escriptors i sobre la seua, descripcions i narracions sobre els seus amics i la seua família... En fi, introspecció, el retrat d'una època i petits detalls de la vida quotidiana a través d'una prosa que, en aquell moment, alguns dels seus col·legues pensaven que era superior a la seua poesia. No m'allargo més, deixo un tastet de percepcions, de sensacions, de reflexions; queden per un altre dia les relacions amb els altres.

A Nava:

Primera salida al jardín después de veintinueve días en cama. Algo como una embriaguez, una felicidad enorme, apacible. Me instalo a la sombra del álamo blanco -más viejo el pobre, con muchas menos ramas- y pronto dejo a un lado los papeles para dedicarme por completo a mi hora al aire libre, a la maravillosa lentitud de un día clásico de agosto, sin una sola nube. Distingo cada olor y cómo varía y se suma a todos los otros: el de la tierra caliente, el de la acacia a mi espalda; el de los setos de boj que ahora sé a qué huelen: a siglo XVI. Aroma gazmoño de las petunias en los arriates soleados- Y cuando la brisa gira y viene del lado del pueblo, olor a humo de leña de pino, que es toda la guerra civil para mí. Además es domingo y hay campanas.
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Estos días vengo disfrutando de un contento especial: felicidad de sentirme inteligente, que es un placer inmediato como el ejercicio físico o la buena digestión, y casi tan fisiológico. La inteligencia se adelanta a la conciencia, igual que un músculo, y opera por reflejos y me da sorpresas. Habitualmente poseo un inventario mortalmente detallado de mis pertenencias mentales y de sus posibilidades combinatorias. Ahora, en cambio, despertar por la mañana i faire le tour du propietaire es enormemente divertido, porque me encuentro con ideas y relaciones entre ideas que ayer no estaban ahí. Encantadora y completa sensación de pasear conmigo: me hago muchísima compañía.
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Quizá porque llevo una vida tan calmosa y descansada, el pensamiento de la muerte me ronda ahora con bastante frecuencia. Es una meditación inútil. Uno acepta la muerte por lo que es: una especie de pisaller. Que ella se encargue de agarrarnos por la oreja y ponernos del otro lado de la puerta, casi se agradece. Comprendo que vivir indefinidamente seria un tedio horrible, pero sé que si me dejaran a mí toda la iniciativa no encontraría nunca el momento de marcharme.
Ciertas enfermedades mortales me producen miedo; la muerte sólo antipatía. Tiene solemnidades de acto público, con señor obispo y gobernador civil: es el final inevitable obligación de ser un pelma, después de toda una vida de intentar no serlo.